La industria “endulza” a los bebés porque serán sus futuro clientes: especialistas | Carlos Lomelí
REPLICA DE MEDIOS
La industria “endulza” a los bebés porque serán sus futuro clientes: especialistas
7 Septiembre 2016

La industria “endulza” a los bebés porque serán sus futuro clientes: especialistas

Medio:
Sin Embargo
Autor: 
Ivette Lira

¿Es saludable alimentar a los infantes de seis meses a dos años con papillas, jugos, cereales enlatados y fórmulas lácteas? Especialistas aseguran que no, y advierten sobre los graves daños a la salud de los pequeños. SinEmbargo tuvo acceso a un análisis en el que la Fundación Mídete destapa las cantidades de azúcar que contienen dichos productos y comparte, al final del texto, un gráfico con dicha información.

Ciudad de México, 2 de septiembre (SinEmbargo).– Alimentos industrializados dirigidos a bebés entre seis meses y dos años, contienen azúcares añadidas que además de provocar daños a la salud de los pequeños consumidores, generan tanto gusto por ella que en la edad adulta se convierten en clientes potenciales de otros productos perjudiciales para el organismo, denunciaron expertas, en entrevista para SinEmbargo.

La industria ofrece paquetes compuestos por fórmulas lácteas, cereales, jugos y papillas, entre otros alimentos procesados dirigidos a los niños entre seis meses y dos años de edad. Mismos que carecen de fibra y tienen una larga vida en anaquel gracias a la cantidad de sodio que contienen, además del azúcar adicionada, señaló Julieta Ponce Sánchez, directora de Nutrición en el Centro de Orientación Alimentaria.

“El sodio combinado con el azúcar provocan que los niños no sientan empalagamiento y cuando tienen exposición continúa al azúcar adicionada se acostumbran y no aceptan alimentos naturales, libres de azúcar y sodio. Se deja una ‘huella’ en las pailas gustativas, por lo que los niños presentan un comportamiento donde inclinan sus preferencias hacia los sabores artificiales”, puntualizó.

De acuerdo con Ana Larrañaga Flota, coordinadora de proyectos de nutrición en la Fundación Mídete, “desde una edad muy temprana estamos fomentando que los niños se acostumbren a los sabores dulces. Es muy fácil que un niño se acostumbre a ese tipo de sabores, sobre todo si se le comienzan a dar desde los primeros meses de vida y es mucho más difícil que en etapas posteriores de la vida sea un hábito consumir verduras u otros alimentos naturales sin sal y/o azúcar”.

“Van a ser consumidores cautivos, clientes fieles. Se está comercializando y poniendo en el target a los niños con el fin de tener allí un mercado seguro para el futuro”, acusó.

En el mismo sentido, Ponce señaló que “la industria sabe que secuestra a los paladares para tener cautivos por generaciones a sus clientes, así cuando los niños van creciendo consumen otros alimentos industrializados”.

Mídete facilitó a este diario digital un análisis de algunos productos alimenticios dirigidos a la población entre 6 meses y dos años de edad y halló que algunos rebasan o se encuentran en el límite de los niveles de azúcar añadido permitido para la población entre dos y 18 años por American Heart Association (Asociación Americana del Corazón) que es de ocho cucharadas pequeñas ó 25 gramos para gozar de una buena salud. (Al final del texto podrá encontrar los datos del documento).

Sin embargo, la Asociación señala que los niños menores de dos años no deben consumir alimentos o bebidas con azúcares añadidos, y sin excepción, todos los productos analizados por la ONG mexicana, la contienen en mayor o menor medida.

“Los azúcares añadidos no son recomendables para bebés, en especial, los lactantes. Por eso la importancia de que las papillas sean naturales, preparadas al momento para conservar sus nutrimentos y sin adicionar otros ingredientes”, recomendó Larrañaga.

Además destacó la importancia de introducir paulatinamente otros alimentos –aunque se continúe con la lactancia materna–. El orden, dijo, debe ser primero con papillas de verduras, después, de frutas, cereales y, finalmente, de productos de origen animal, procurando que la preparación implique sólo un componente para determinar si el infante presenta alguna reacción negativa o incluso alergia a cierto ingrediente.

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